Clavada dorada
La jornada del pasado lunes en el estadio Olímpico de Río de Janeiro será recordada por el dramático clavado y desplome sobre la línea de meta de la bahameña Shaunae Miller, agónica ganadora de la carrera de los 400 metros.
Aunque las estadísticas reinan en los anales de la historia, en la retina de los aficionados quedará grabada para siempre la imagen de Miller, estirada sobre el tartán olímpico en esperas de final fotográfico que la confirmaría como nueva campeona olímpica.
La velocista de las Bahamas recurrió a un clavado para nada ortodoxo tras avistar cómo la estadounidense Allyson Felix, favorita en la previa, le ganaba terreno en el remate final.
Justa de fuerzas, Miller dio un golpe de riñón en los últimos pasos y se lanzó de cabeza sobre la línea de meta, que cruzó con apenas 7 centésimas de segundo de ventaja sobre Felix.
Miller parecía haber sentenciado la carrera cuando se presentó a mitad de recta con tres metros de ventaja, pero Allyson no había dicho su última palabra y fue recortando la diferencia a cada paso. Y cuando parecía que había rebasado a la bahameña, esta se lanzó en plancha sobre la raya y le arrebató el triunfo.
"Me quedé en blanco y lo siguiente que recuerdo es que estaba en el piso", relató Miller. "Mientras estaba tendida escuché gritar a mi madre desde la grada, y me di cuenta de que había ganado", agregó.
Derrotada de la forma más inverosímil en su afán por colgarse la que hubiera sido su quinta medalla de oro en el atletismo olímpico, nuevo récord para una mujer, Felix se quedó también perpleja y rendida sobre el piso, desconcertada por tan agónico desenlace.
"No sabía quién había ganado. Me voy decepcionada. Ha sido un año duro. No pensé en lanzarme. Intenté remontar con todo, pero no me quedaron fuerzas los últimos metros", lamentó visiblemente afectada.
Felix se había recuperado de una lesión de tobillo que sufrió en abril y, aunque no pudo obtener plaza en el equipo norteamericano para defender su título olímpico en 200, llegó a Río de Janeiro con el objetivo de convertirse en la primera atleta con cinco medallas de oro olímpicas y en una de las pocas que han sido campeonas en 200 y 400.
Con 13 títulos globales a lo largo de su carrera, la californiana, de 30 años, afrontaba sus últimos Juegos con el deseo de emular a Betty Cuthbert, Irena Szewinska, Valerie Brisco-Hooks y Marie Jose-Perec, que fueron campeonas olímpicas de 200 y 400.