El París Saint-Germain gana la Liga de Campeones en los penaltis
La final de Budapest prolongó el maleficio continental del Arsenal, que, a pesar de terminar invicto la competición, el único en conseguirlo, y tener encarrilado el partido, acabó abatido, derrotado, tal y como sucedió hace veinte años, en la única final que había jugado hasta ahora, superado por el Barcelona.
El París Saint-Germain se proclamó vencedor de la Liga de Campeones por segunda vez consecutiva y en toda su historia, tras imponerse al Arsenal en la tanda de penaltis de la final disputada en el Puskas Arena de Budapest.
Después del 1-1 con el que acabó la prórroga, tras los goles de Kavi Havertz en el minuto 6 y Ousmane Dembele de penalti en el 66, el duelo se resolvió desde los once metros por 4-3 para el bloque de Luis Enrique Martínez, tras el fallo en el décimo lanzamiento de Gabriel Magalhaes.
La final de Budapest prolongó el maleficio continental del Arsenal, que, a pesar de terminar invicto la competición, el único en conseguirlo, y tener encarrilado el partido, acabó abatido, derrotado, tal y como sucedió hace veinte años, en la única final que había jugado hasta ahora, superado por el Barcelona.
Se repitió su historia y la del PSG, campeón por segundo año seguido y que se sobrepuso al tempranero gol que logró Kai Havertz pero que a la hora de juego neutralizó, de penalti, provocado por el español Christian Mosquera, Ousmane Dembelé, el Balón de oro del que no había noticias hasta ese momento.
El PSG, que añade este éxito al de la Ligue 1, se adentra en el selecto club de entidades que ha conseguido revalidar el titulo alguna vez. Son ocho, pero solo el Real Madrid de Zinedine Zidane consiguió tres con el formato actual del torneo.
Luis Enrique, el gran triunfador de la final, ya forma parte de los elegidos. Se une a Zidane, Pep Guardiola y Bob Paisley, como los que poseen tres coronas en este evento. El mejor ataque se impuso a la mejor defensa en la primera final desde 2018 en la que ambos equipos logran marcar.
No pudo acabar con su maleficio el Arsenal, que perdió la final que jugó hace veinte años con el Barcelona, con Arsene Wenger al mando. A la segunda, tampoco pudo.
El partido se adentró en un inicio inesperado casi desde el principio, que premió el desparpajo con el que el Arsenal irrumpió en el campo. Fue una aparente declaración de intenciones del cuadro de Mikel Arteta, que empezó con velocidad y una presión que tuvo recompensa a los seis minutos.