Los dejaron sin aliento
Un intenso trabajo, bajo un sol castigador, hizo mella en varios jugadores del seleccionado panameño, durante el entrenamiento matutino de ayer en el estadio Rommel Fernández Gutiérrez.
Un sol desgastante e inclemente fue el mayor rival ayer de los jugadores de la Roja, en un intenso entrenamiento liderado por Edgar Carvajal, asistente técnico de Hernán Darío El Bolillo Gómez, a quien le ha tocado, más que nunca, ponerse el overol ante la ausencia del jefe. Aunque claro, quienes asisten frecuentemente a las prácticas del equipo sabrán que no es nada nuevo ver al Panzer cumplir este rol. Fue tan agotador el trabajo, sobre todo el último, que el propio Carvajal, al término del mismo, bromeó con parte del cuerpo médico de la selección, cuando le preguntaron si quería agua u otra bebida para hidratarse. Este, con algo de humor, respondió: Deme una pastilla (medicamento).El trabajo que daría por concluido el entreno matutino de ayer fue una especie del popular juego de el bobito, pero en diferentes estaciones. Primero, en parejas, le correspondía a los jugadores recuperar el balón para luego pasar a ser parte del grupo que tenía que evitar que le quitaran la pelota.Carvajal animaba a Armando Cooper y le pedía un esfuerzo extra. Su coterráneo, el zaguero Éric Davis, lo arengaba al mismo tiempo: ¡Vamos, Cooper... vamos, Cooper!, le gritaba. También sufrió bastante el mediocampista del Árabe Unido, Josimar Gómez, quien casi no podía caminar y hasta un calambre amagó con atacarle. Cuando por fin él y su compañero pudieron completar la última parada, Gómez se inclinó, buscó aire desesperadamente, mientras Carvajal le decía: Eso significa que hay que trabajar más.La pareja del Juan Aurich peruano, Luis Tejada y Ricardo Buitrago, superaron con rapidez cada estación. Sin embargo, cuando se posicionaron para entonces ser ellos los que circularan el balón, Buitrago le comentó a Matador: Uno llega muerto a esta parte.La víctima final fue Nelson Barahona quien literalmente defendía, en la última estación, caminando. Ya no tenía oxígeno ni alma. Carvajal fue bondadoso y, ante la impotencia de Barahona, concluyó el trabajo con un pitazo.