Mi primer beso
Hay escenas de amor que permanecerán grabadas para la eternidad.
Imágenes que hacen que los ojos se iluminen y que el corazón estalle de emoción, al ser testigo de la entrega del más puro afecto, de una riqueza de valor incomparable.
Como aquel cuadro imborrable de hace diez días que se dibujó en la meta de la XXXIX versión de la Maratón Internacional Ciudad de Panamá, en la Cinta Costera, y que hoy toma vida con más fuerza y pasión en la celebración del Día de la Madre.
Aquella imagen pertenece al atleta chiricano Jorge Castelblanco levantando sus brazos en señal de victoria al cruzar la meta, para segundos después recibir, por primera vez en sus ocho años como corredor profesional, la muestra de amor más sincera que existe sobre la faz de la Tierra: el beso de una madre.
Pero aquel beso fue especial porque era dado por su abuela, Olivia Morales, de 73 años, a la que Castelblanco quiere y adora de la misma manera como ama a la mujer que le dio la vida.
Fue inolvidable. Era la primera vez que mi abuela, a la que llamo también madre, asistía a una de mis carreras. Ni siquiera cuando corría en el pueblo iba a verme. Por eso es que ese beso, mi primer beso por parte de mi abuela en una carrera, no lo olvidaré jamás, comentó ayer muy emocionado Castelblanco, quien no pudo dejar de recordar también ese día cuando le pidió a su abuela que asistiera a la maratón.
Yo pasé por la casa de mi abuela en Chiriquí cuando estaba en la fase final de mi preparación. La invité a la carrera y sabía que no me iba a fallar porque yo soy su primer nieto (risas). Gracias le doy a mi hermano, Jorge Castelblanco, el ciclista, quien fue la persona que la trajo de Chiriquí, precisó.
Fuerza e inspiraciónCastelblanco irradiaba mucha emoción en cada una de sus palabras. Era evidente que ese primer beso de su abuela, como premio en el triunfo más importante de su carrera, le había flechado el corazón.
Quizás fue por eso que aprovechó la ocasión para enviarles un mensaje a tres de las personas más importantes de su vida, quienes resultan su fuerza e inspiración en cada una de sus competencias.
A mi abuela, Olivia Morales; a mi madre, Vilma del Carmen Morales, y a mi esposa, Margareth Crespo Donoso, debo agradecerles todo lo que han hecho por mí, porque me han apoyado en las buenas y en las malas. Estas tres mujeres son grandiosas, son las madres más espectaculares que hay en el mundo. Ellas son mi fuerza y mi inspiración, a las que amo con todo mi corazón. A ellas les deseo un feliz y hermoso Día de la Madre, concluyó el corredor de 28 años, orgullo de San Pablo Viejo Arriba, provincia de Chiriquí.