No basta con ganar las peleas en el gimnasio
Una buena preparación ya no es suficiente para salir airoso en los grandes retos. Así quedó demostrado con el boxeador panameño Azael Turbo Cosio, quien la noche del sábado no pudo superar el pleito más importante de su carrera profesional. Ese combate que lo pondría a pelear en los grandes reflectores del boxeo mundial.
¡No exagero, señores! A Cosio se le fue el chance de su vida, en un torneo eliminatorio por el título wélter (147 libras) del Consejo Mundial de Boxeo (CMB).
Cosio se había sacado la lotería, porque dentro del ranking del CMB, de los 10 púgiles que fueron tomados en cuenta para este torneo, era el que más bajo estaba clasificado, en el trigésimo quinto puesto del peso wélter.
Sin duda, era su oportunidad para dar un golpe de autoridad sobre la mesa. Con ese objetivo en mente dejó la vida en el gimnasio. Se preparó como nunca bajo la supervisión del experimentado entrenador panameño Rigoberto Garibaldi. No tuvo descanso ni en Navidad ni en Año Nuevo. Así que por preparación, Cosio estaba más que listo para enfrentar al peleador zurdo, el argentino César Miguel Barrionuevo, el vigésimo primer retador en las clasificaciones de la categoría wélter del CMB.
Que quede claro que Cosio se presentaba con luces altas en tierras mexicanas, con cuatro triunfos seguidos, todos por la vía del cloroformo.
Quizás fue por eso que salió decidido a cazar a su rival. Sin embargo, sus ganas de triunfo fueron echadas por tierra en el primer round, al caer a la lona con un recto de izquierda, la mano poderosa del argentino.
Ese fue el principio del final. Cosio siguió, asalto tras asalto, tropezando con esa misma izquierda. Era como si, antes de la refriega, no hubiera analizado videos del peleador argentino, del que todos sabíamos tenía esa izquierda como su arma letal, la cual había anestesiado a 19 de los 34 peleadores que había enfrentado.
Lastimosamente, Cosio no tuvo otro plan durante su pelea. Yo no lo vi. Lo suyo fue empuje, garra, coraje y mucho corazón. En los cinco asaltos que duró el intercambio de metralla, no observé otra estrategia que pudiera hacer que el viento soplara a su favor.
Por su parte, Barrionuevo se mantuvo firme en su plan de destrucción, que dejó en evidencia desde el primer campanazo, que era el de moverse y contragolpear. Incluso, al mandar a la lona al Turbo en el primer capítulo, no se desesperó. Mantuvo la calma y siguió con el plan de pelear al contragolpe, sacando provecho de la pobre defensa del istmeño.
Muy estático lució Cosio durante el pleito, con mucho empuje y ganas, pero con poco movimiento de cintura, estrellándose con la mano aniquiladora de Barrionuevo, perdiendo su posición vertical en cinco ocasiones, dos de ellas en el quinto round, capítulo en el que el tercer hombre del ring decidió detener las acciones.
No sé si este sea el fin de Cosio, a quien a sus 34 años se le están acabando las oportunidades para brillar, en una división que hoy está cargada de fuertes oponentes, de un nivel muy superior a los que pueda ver en Panamá.
A Cosio no tengo nada que criticarle. Entrenó a conciencia. Se preparó como nunca lo había hecho en su vida, pero quedó más que demostrado que hoy no basta con ganar las peleas en el gimnasio.