Piropos, béisbol y ¡playball!
Hoy el deporte número uno de los panameños vuelve a escena en cinco puntos diferentes del país, con el arranque del Campeonato Nacional de Béisbol Mayor 2015.
@eagonzalezg
Noche mágica en el estadio nacional Rod Carew. Sexto partido de la serie final del Campeonato Nacional de Béisbol Juvenil 2015. Había público por todos lados. Unos apoyaban a Los Santos, mientras que otros, en su gran mayoría en esa noche, a Panamá Metro, que estaba a una victoria de coronarse campeón y lograr ese tetracampeonato que tanto añoraba.
Lo que se venía era un carnaval beisbolístico, que comenzó antes del grito de ¡playball! y que tuvo sus episodios más hermosos en las gradas, cuando comenzaron a desfilar ángeles como caídos del cielo. Mujeres esculpidas y pintadas a la perfección por el ser más poderoso del universo.
Por breves segundos la acción en el terreno de juego había desaparecido de las retinas. Al instante, aquel poema de amor se había estacionado en mi memoria, mientras una bella mujer identificada con el equipo santeño iluminaba mi vida: Quiso Dios formar la obra más grande de la creación, y pensando en la ternura que da el amor, dio vida a la mujer como la más bella y radiante flor.
Esa bella santeña se merecía un piropo. En ese momento, ni la ley que estaba proponiendo la diputada Ana Matilde Gómez iba a impedir que arrancara una preciosa sonrisa de la cara de esa hermosa criatura: Si la belleza fuera un instante, tú serías la eternidad.
El piropo había logrado su cometido. La santeña había detenido su caminar. En ese momento tenía toda su atención. Sus ojos se habían clavado en mi corazón, que hizo que nacieran otras palabras cargadas de inspiración: De todas las flores, la más bonita es la rosa y de todas las mujeres que esta noche hay en este estadio, tú eres la más hermosa.
El proyecto de ley antipiropos lo había doblado y puesto en mi bolsillo. Y es que aquella atractiva azuerense de ojos dulces como la miel pagó mis palabras con un guiño y una inolvidable e inigualable sonrisa mientras se alejaba y se perdía en ese mar color naranja de ilusión.
Lastimosamente, la santeña no volvió a aparecer frente a mis ojos. Quizás, las tres carreras que había fabricado Metro la habían hecho abandonar el coliseo. De seguro su corazón estaba hecho trizas porque el conjunto santeño perdía 3-1 en la parte baja de la novena entrada. Se había ido... lejos de mi vida para nunca más volver.
Pero pronto mi corazón sanaría. La receta nacía de los colores rojo, blanco y negro. Sí, no se equivocan, era una fanática de Metro que no tenía nada que envidiarle a aquella hermosa santeña.
Brotó así otra oportunidad ante mis ojos. Ya había robado una sonrisa, así que solo era cuestión de segundos para que fueran dos: Si yo fuera astronauta, te sacaría de este estadio para llevarte a Plutón, pero como no lo soy, te prometo llevarte siempre en mi corazón.
La metropolitana sonrió, pero así como llegó, desapareció en esa tormenta de alegría que había provocado el triunfo y la coronación del equipo de sus amores.
Era el fin. La tristeza nos embargó, porque había bajado el telón del béisbol y con este, aquellos ángeles que endulzaron mis retinas habían volado de vuelta hasta el cielo.
Sin embargo, hoy esa nostalgia desaparecerá. Y es que ese adiós fue solo un hasta luego, porque la pasión que solo produce Su Majestad está de vuelta desde esta noche, en el arranque del Campeonato Nacional de Béisbol Mayor. Un certamen en el que de seguro volverán a desfilar por los estadios esos ángeles que una vez conquistaron mi corazón.