Si las paredes hablaran
El divorcio fue el mejor bálsamo entre estos dos.
Cuando el 23 de septiembre de 2010 el boxeador Anselmo Chemito Moreno y Rouss Laguna se dijeron el sí acepto, nacía una pareja enrollada entre la farándula, la ropa de diseñador y un estilo de vida lleno de lujos. Bueno, el final de este amor llegó el pasado 6 de enero de 2015, día de los Reyes Magos, cuando a través de un mensaje de Twitter todo acabó.
Pero como cosa del destino y como todo ser humano sigue el axioma de ver para creer, día a día se dio a la tarea de llegar al edificio donde reside la familia Moreno-Laguna.
Pasada la una de tarde, se llegó ayer al Ph Costa Pacífica, ubicado en un área exclusiva de nuestro país, para seguir escudriñando más a fondo en esta novela de amor y dolor.
En la garita del edificio, se sabía que para entrar a las entrañas de ese monstruo de acero y cemento ese era el primer filtro. El celular entretuvo al seguridad, quien le abrió las puertas a día a día, solo con el pretexto de que se iba a conversar con Rouss Laguna y Chemito Moreno. El dale del portero fue algo sorpresivo, pero, con mucha facilidad, había quedado atrás el primer cerrojo del anillo de seguridad.
Ya en la recepción aparecía el segundo escollo. Al paso un tipo de seguridad, que como cualquier panameño que suda su pan, siembra las esperanzas en la lotería, la melódica voz de la esperanza llamaba su atención, hasta que se le acabó su tranquilidad. ¿A quién buscan?, preguntó con voz masculina, a Rouss Laguna, se le respondió.
¿Ellos saben que ustedes vienen?, replicó. Venimos a una entrevista, mágica respuesta. Aunque algo incrédulo, el seguridad llamó al primer filtro, pero con el go de su compañero, se abrió el segundo anillo de seguridad, y con un plus, el número de apartamento... el 9B, para los cabalosos.
Ya en el elevador los corazones latían rápidamente, igual como le pasa a cualquier espía que logra meterse en la base enemiga, para robar datos importantes.
Ping... el piso nueve indicó el elevador recubierto de metal y barandas brillantes, se abrió la puerta y luego de unos 25 pasos se estaba frente a la puerta de Chemito y Rouss Laguna de Moreno, mismo aposento que sirvió de nido de amor, hasta ese fatídico 6 de enero.
Se tocó a la puerta unas cinco veces, se acudió al timbre en reiteradas ocasiones, la fiel fotógrafa se agachó para ver debajo de la barrera de madera chocolate, que frustraba la misión, pero no se veía nada. Era evidente, no estaban en casa.
En el piso nueve, no había esperanza, se volvió al elevador, apretando el botón de planta baja (PB), en segundos, otra vez cara a cara con el seguridad del edificio.
En ese momento el guardia no puso atención, ya había acabado la lotería. Mientras se hablaba con él, una señora con cara pícara levantó su dedo índice y dijo: Vienen por lo que salió en el periódico. ¿Ella no quiere declarar?, preguntó con cierto tono de cizaña de esas vecinas que no se llevan bien en las multifamiliares donde vive Pablo Pueblo.
El capítulo de la pesquisa de Rouss y Chemito finalizó cuando ese guardia, que pudo haber perdido su par de dólares en la lotería, señaló: Ellos se fueron temprano, los cuatro, como familia, sin saber qué era lo que buscaba el equipo de día a día y que esa familia está próxima a desaparecer.