Sonriendo LEJOS DE LA PISTA
Cómodo en su propia piel, feliz por haber dejado el nombre de Panamá en alto y disfrutando de los sacrificios que tuvo que realizar en el pasado, es como se encuentra el jinete panameño retirado Laffit Pincay Jr.
El orgullo nacional, de 67 años, quien visitó Panamá días atrás, abrió el libro de su vida para revelarle al mundo algunas de las cualidades que posee, a parte de la que demuestra en la pista de caballo.
¿A qué se dedica ahora que no está compitiendo en las pistas?
A pesar de que no esté trabajando, no tengo un trabajo seguro, pero estoy ocupado con ciertos productos que he empezado a promover que son las vitaminas de la marca 4 Life y también estoy asociado con un producto que es para las úlceras de los caballos.
¿Qué es lo que más recuerda sobre el día en que decidió retirarse?
Recuerdo que fue muy duro, la verdad no era algo que esperaba, yo quería seguir montando, pero el doctor que me atendió, luego de mi lesión, me aconsejó que no siguiera la carrera. Yo pude correr el riesgo de seguir y no escuchar a nadie, pero mi familia no quería que yo montara, así que lo dejé, pero al final creo que fue lo mejor que pude hacer, me retiré a una edad en la que todavía estaba joven y podía disfrutar de la vida. Si no hubiese sido por eso, todavía estaría en la pista, porque seguir era como un reto.
¿Cuál ha sido su momento más feliz dentro de la hípica?
Fue cuando gané el Kentucky Derby, porque esa es la mejor carrera del mundo, en mi opinión, y entonces anhelaba competir ahí. Por muchos años traté de ganarla, competí con varios caballos que tenían y no chance de ganar. Yo siempre iba con la esperanza de ganar, pero por muchos años no pude, hasta que llegó el año en que gané el Derby. Cuando pasé la meta fue lo mejor, fue mi sueño realizado, no lloré, me aguanté, por la impresión, eso fue muy increíble.
¿Qué fue lo más difícil que vivió dentro de la hípica?
Cuando me dijeron que era muy grande para esto. Yo dejé de comer, pero luego empecé a hacer dieta, porque quería demostrar que lo podía hacer. Todo fue duro por las dietas, eran muy rígidas. Lo que pasa es que cuando empecé a entrenar en Estados Unidos subía de peso porque los músculos se estaban desarrollando rápido, debido a que allá entrenaba todos los días. Esa situación del peso fue dura.
¿Considera que Panamá debería tener otro hipódromo?
No, ahora mismo no, porque creo que el gobierno debe ayudar más al hipódromo que tenemos en la actualidad y ponerlo al nivel de cualquier otro que hay en el mundo. Considero que la hípica tiene más seguidores que antes, pero creo firmemente que nues tro hipódromo debe ser reconocido como uno de los mejores del mundo en conjunto con los jinetes.
¿Qué piensa de la evolución en el deporte panameño?
Me ha impresionado como el deporte en Panamá ha avanzado, especialmente el fútbol, son muy buenos los muchachos, han ganado buenos torneos, le hemos ganado México y eso me hizo sentir muy bien porque tengo muchos amigos aztecas y ellos me molestaban. En el béisbol ha tenido mucho auge.
Y...¿De los valores hípicos?
Hay muchos jinetes que han salido de la escuela que lleva mi nombre, los chicos lo están haciendo bien y eso me alegra bastante.
¿Qué hubiese sido de no ser jinete?
Beisbolista, ¡oh!, sí, el béisbol era mi pasión de pequeño. Llegué a representar a Panamá en Nicaragua, en la infantil como en el año 1961. Jugaba la segunda base.
Entonces, ¿por qué dejó atrás el bate y las manillas para montar caballo?
Porque cuando regresamos de Nicaragua, el instructor de aquel momento, Mr. Charlie, me apartó y me dijo: te voy a dar un consejo, tú eres un buen beisbolista, pero estás muy chiquito, por qué mejor no eres jinete como tu papá. Y le digo que yo me sentí muy triste porque el béisbol era mi pasión, pero luego comencé a analizar las cosas, yo seguí jugando, pero a los 15 años veía mi realidad y me dije: A lo mejor si voy al hipódromo me consigo un trabajo y así ayudo a mi familia, porque nosotros éramos muy pobres, y entonces fui y comencé a aprender a cómo cuidar los caballos y luego empecé a galopar. Al principio todo fue difícil porque les tenía miedo y fue peor cuando tenía que montarlos.
Cambiando un poco de tema..., aparte de ser bueno en la hípica y en el béisbol, ¿en qué más es un 10?
Yo cocino para mí y me encanta mi manera de cocinar, yo bailo, pero la verdad es que no sé, dicen que lo hago muy bien, pero cuando tomo un par de tragos me convenzo de eso, jajajaja. Otra cosa que me gusta es ver películas, rento muchas, mi favorita es una que se llama Picnic, una romántica.
Hablando de amor... ¿cómo se desenvuelve en este tema?
A veces suelo ser sencillo, no soy romántico, pero me divierto mucho cada vez que tengo la oportunidad de ir a una cita.
¿Qué hace usted para divertirse?
¿Qué hago?, pues soy soltero (risas) y tengo muchas amistades. Salgo a comer a buenos restaurantes, me gusta conocer otros lugares, eso hago.
¿Ha sido su estatura un impedimento para conocer chicas?
Para nada, nunca, es más a mí me gustan las mujeres de cualquier tamaño, altas, chicas, medianas, nunca tuve, ni tengo problemas (risas).
¿Se volvería a casar?
Tengo seis años de estar divorciado y la verdad es que ahora mismo no me volvería a casar, porque he estado casado toda mi vida y ahora tengo la libertad de ir a conocer el mundo. La verdad es que me he acostumbrado, pensaba que no podía estar solo, pero me gusta estar así, lo disfruto porque me preocupo por mí. Antes, cuando estaba casado, me preocupaba por mi pareja, mi familia, su bienestar era mi prioridad.
Para terminar... algo que lo identifique
Soy muy duro conmigo mismo, confieso que siempre me la pasaba retándome. Estando enfermo, me decía: vamos a ver cuántas carreras vas a ganar y cuando ganaba me decía: viste, valió la pena hacerlo, pero cuando perdía pensaba: por lo menos lo intentaste.