De las ruinas a la reconstrucción: comienzan a levantar las casas destruidas por el sismo en Herrera
La primera etapa contempla la construcción de 300 viviendas en Herrera, con dos recámaras, sala-comedor, cocina y baño. El tiempo estimado para levantar cada casa es de unos 20 días, sujeto a las condiciones del clima, mientras que su costo preliminar oscila entre los 15 mil y 18 mil dólares.
A casi dos semanas del terremoto del pasado 9 de octubre, entre escombros, paredes fracturadas y hogares que ya no podrán volver a habitarse, comienza una nueva etapa para las familias afectadas en la provincia de Herrera: la reconstrucción de sus viviendas.
La tarea apenas empieza, pero para quienes lo perdieron todo, cada casa que vuelve a levantarse representa la posibilidad de recuperar la tranquilidad y tener nuevamente un techo seguro.
En El Banco, comunidad de Rincón Hondo de Pesé, ya comenzó la construcción de una vivienda y se prepara el terreno para levantar una segunda.
En La Arena, distrito de Chitré, arrancó la demolición de tres casas afectadas por el movimiento telúrico, mientras que para este miércoles se prevé iniciar trabajos en Mandinga. Son los primeros pasos de un proceso que busca transformar los daños dejados por el sismo en nuevas oportunidades para las familias damnificadas.
La primera etapa contempla la construcción de 300 viviendas en Herrera, con dos recámaras, sala-comedor, cocina y baño. El tiempo estimado para levantar cada casa es de unos 20 días, sujeto a las condiciones del clima, mientras que su costo preliminar oscila entre los 15 mil y 18 mil dólares.
La meta es que las familias que quedaron sin hogar puedan comenzar a mirar más allá de la emergencia y pensar nuevamente en un lugar donde reconstruir sus vidas, indicó Roberto Villarreal, director regional del Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial (Miviot) en Herrera.
Sin embargo, el panorama de los daños todavía no está cerrado: algunas viviendas clasificadas inicialmente con afectaciones parciales podrían terminar consideradas como pérdida total, dependiendo de las condiciones de sus columnas y vigas una vez retirados los escombros.
Mientras avanzan las evaluaciones y el censo de los damnificados, la reconstrucción abre una esperanza en medio de las secuelas que dejó el terremoto.
Y es que, según moradores afectados, perder una casa no significa solamente quedarse sin paredes ni techo; también es ver alterada la vida familiar, los recuerdos y la seguridad de contar con un lugar propio.