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Mayín Correa: El privilegio de envejecer

Algunos dirán: “ya señora vaya a descansar…”, pues no; mi descanso es el trabajo, tengo la voluntad y la energía suficiente para seguir sirviendo a mi prójimo desde un cargo oficial, y como periodista, y lo seguiré haciendo hasta que Dios me lo permita.

Opinión: Mayín Correa

Es frecuente escuchar en nuestro medio, voces que descalifican a los adultos mayores que mantienen una vida laboral activa, pese a su edad. Frases como “vaya a cuidar nietos”, “dele oportunidad a los más jóvenes”, entre otras; son comentarios regulares en  tertulias y redes sociales.

Quienes hacen este tipo de afirmaciones, tal vez no están pensando en llegar a viejos o piensan que tendrán la misma edad toda la vida.  En ambos casos, ellos mismos se están descalificando del hermoso privilegio de envejecer y disfrutar de una larga vida llena de enseñanza y satisfacciones, que de alguna manera endulzan los sinsabores naturales del vivir.

A mis 90 años, sé y reconozco que no tengo la misma energía o agudeza mental  que cuando fui alcaldesa, gobernadora, diputada, legisladora, representante del Parlacen o representante de corregimiento; en una carrera pública y profesional que abarca más de 50 años.

Algunos dirán: “ya señora vaya a descansar…”, pues no; mi descanso es el trabajo, tengo la voluntad y la energía suficiente para seguir sirviendo a mi prójimo desde un cargo oficial, y como periodista, y lo seguiré haciendo hasta que Dios me lo permita.

Quiero decirle a mis queridos adultos mayores  y a los que van para viejos: la vejez es un privilegio del cual, lastimosamente, no todos están llamados a disfrutar. Es por ello, que debemos vivir esta etapa con actividad y alegría, según nuestra realidad y posibilidades, ya que es la culminación de nuestro paso por el mundo.

Cuando el Papa Francisco vino a Panamá  para la JMJ,  les dijo a los jóvenes reunidos en nuestro país: “hagan lío”.  El Santo Padre lo que quiso decirle a esa juventud, es que nunca deje de ser inquieta, que se mueva, que tengan metas, y eso mismo le digo yo a los viejos de mi país: “hagan lío”, muévanse, no pierdan las ilusiones, aprendan algo nuevo todos los días,  sean ejemplo de vida para sus nietos y las nuevas generaciones, pero sobre todo, nunca dejen de soñar, porque vivir sin sueños, ilusiones y metas es ya estar muerto en vida.

La autora es periodista de más de 50 años de trayectoria y actual gobernadora de la provincia de Panamá.

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