Brittany murió con dignidad
Brittany Maynard cumplió lo prometido. La joven estadounidense, una enferma terminal con cáncer cerebral y que revivió un debate en todo el mundo sobre el suicidio asistido, puso fin a su vida el sábado al ingerir fármacos letales recetados por un médico, bajo una ley en Oregón que permite que las personas como ella elijan cómo morir. Brittany habría cumplido 30 años el 19 de noviembre.
Maynard estuvo bajo los reflectores nacionales casi un mes desde que dio a conocer públicamente que ella y su esposo, Dan Díaz, se mudarían del norte de California a Portland, para que pudiera aprovechar la ley de eutanasia de Oregón.
Dijo a periodistas que planeaba morir el 1 de noviembre, poco después del cumpleaños de su esposo, pero se reservó el derecho de posponer o adelantar la fecha.
Ella murió como quería, en paz, en su habitación, en los brazos de sus seres queridos, dijo Sean Crowley, un portavoz de la organización Compassion & Choices, que trata de aprobar leyes de muerte asistida en más estados.