Están anegados
En el anegado pueblo de Guayaramerín, en la amazonía boliviana, el barco que perteneció al rey del caucho y que presidía el puerto toca agua por primera vez en un siglo y fuerza una sonrisa torcida de los habitantes, azotados por las peores inundaciones en décadas.
El río Mamoré, fuente de sustento de esta localidad fronteriza con Brasil, se ha vuelto en su contra y casi 50,000 personas luchan por salir adelante entre el agua, el fango, las epidemias y la desesperanza del que todo lo ha perdido: casa, trabajo, cultivos, animales.
Guayaramerín, en el departamento de Beni, es uno de los lugares más castigados por las peores inundaciones que ha vivido Bolivia en décadas, y que han dejado 60 muertos y 60,000 familias damnificadas en todo el país.
Aquí centra estos días sus esfuerzos el Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA), que necesita con urgencia donaciones para continuar su ayuda a la población.
Pese a la situación, el Gobierno rehusa declarar Beni zona de desastre, lo que la oposición atribuye a motivos políticos, ya que en esta región perdió las elecciones el partido de Evo Morales.
Mientras esperan que la comunidad internacional les ayude, la vida sigue.