Los divorciados
Los participantes en el sínodo sobre la familia, que comenzó el pasado lunes en el Vaticano, terminaron sus ponencias, que han evidenciado una división en la Iglesia sobre si se debe consentir que los divorciados que se han vuelto a casar puedan recibir la comunión.
Aunque, como resaltó uno de los participantes, el problema de los divorciados que se han vuelto a casar afecta al 1% de los católicos, el tema ha centrado una gran parte de las intervenciones y ha quedado claro que existen dos líneas de pensamiento, que intentarán converger en puntos comunes en los trabajos de la próxima semana.
Los portavoces de la oficina de prensa que difunden los resúmenes de las intervenciones reiteraron hoy que la asamblea continúa dividida en dos líneas.
Una defiende la fidelidad sin compromisos de la doctrina, que impide recibir los sacramentos a los divorciados que se han vuelto a casar, y otra la respaldan aquellos que, aunque defendiendo el carácter indisoluble del matrimonio, quieren que la Iglesia católica busque vías concretas para resolver situaciones concretas.
Pero en la otra línea, algunos como el cardenal Walter Brandmuller, en una entrevista publicada ayer en el diario italiano La Repubblica, aseguran que los divorciados necesitan ayuda pastoral, pero esto no implica su admisión en el sacramento de la eucaristía porque con su decisión van contra la palabra de Dios y es el momento de la comunión el más íntimo encuentro con Dios.