Una decisión conmovedora
El 11 de febrero de 2013, el papa Benedicto XVI anunció ante los cardenales reunidos en la Sala Clementina que renunciaba a su pontificado, una decisión que conmocionó al mundo y que cambiaría la historia de la Iglesia.
Los purpurados estaban convocados a las 9.00 de la mañana para escuchar las comunicaciones del papa sobre tres causas de canonización, pero Benedicto XVI con voz débil y cargada de emoción pronunció 22 renglones en latín que cayeron como un rayo en el cielo sereno, como dijo el decano de los cardenales, Angelo Sodano. Siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de obispo de Roma, pronunció en latín Joseph Ratzinger dejando helados a los purpurados.
El papa había iniciado su discurso sabiendo que su decisión sería de gran importancia para la vida de la Iglesia.
Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino, dijo Benedicto XVI, que cumpliría en abril 86 años.
Tras el discurso, recibió el abrazo del cardenal Sodano y se retiró a sus aposentos en el palacio pontificio, donde, aseguran, no pudo ocultar la emoción y lloró.