Viaje sin retorno
Decenas de miles de argentinos que fueron a Brasil por el Mundial de Fútbol siguen en el país. Parecen ser mayoritariamente jóvenes y varones, sobre todo veinteañeros. Menos de un tercio son mujeres.
A las autoridades les preocupa la perspectiva de tener gran número de extranjeros vendiendo artesanías, haciendo malabares en los cruces para pedir dinero o dependiendo de servicios sociales estatales para brasileños.
Aunque la otrora explosiva economía brasileña ha perdido fuerza en los últimos años, la situación es mucho mejor que en Argentina, asediada por la crisis, con escasez de dólares y una de las tasas de inflación más altas del mundo.
Antonio Pedro Figueira de Mello, responsable de la agencia de promoción de turismo de Río de Janeiro, ha reconocido que los controles en los 1,260 kilómetros (780 millas) de frontera con su vecino del sur podrían haber sido demasiado laxos durante el Mundial.
La cantidad de argentinos nos tomó por sorpresa, señaló al diario de Río O Globo. En cualquier lugar del mundo, la gente tiene que decir a dónde va, cuánto tiempo va a quedarse, qué recursos tiene y si tiene seguro de salud. Eso no se hizo.