La imagen de Cristiano Ronaldo, recibiendo el Balón de Oro, será recordada por muchos, debido a que se quebró como todo un niño entre llantos.
Este panorama es el reflejo de su pasado, cuando niño fue reconocido como un chiquillo llorón.
Detrás del mejor jugador del mundo se esconde un pasado, en el que un solitario pequeño, que solía llorar en su cuarto, era molestado por sus compañeros del Sporting de Lisboa, por su acento portugués.
En la página web de Olé Tevé, la madre de CR-7, Dolores Aveiro, confesó lo siguiente: Se ponía a llorar cuando sus amigos lo molestaban, se enojaba con facilidad, así que la gente le llamaba llorón y también avispa, porque nadie lograba atraparlo en el campo.
No obstante, este genial delantero ha cosechado el fruto de su perseverancia. El niño que se formó solo y llorando es el hombre aún solitario, pero que hoy, el portugués eligió llevar una vida de príncipe.
Su antiguo entrenador del Sporting de Lisboa, Aurelio Pereira, recuerda cuando Cristiano le sorprendió ante su consistente terquedad de querer dar en el blanco con los dardos.
Al astro le daba rabia fallar en los dardos, lo mismo que en el ping-pong y en el billar, el gesto irritado de un chico que no se permitía perder, pero su insistencia lo volvió infalible.
Pereira también recordó cuando lo veía por las noches, solo, en el gimnasio practicando gambeta con dos pesas, una en cada pie.
Este niño tímido, solitario y llorón, que tenía dos costumbres, la primera dormir acompañado de un balón y la segunda llorar en su habitación, creció al lado de su madre, que trabajó de cocinera y limpiaba casa.
A los 14 años, Cristiano supo que su padre, que ya falleció, era alcohólico y que uno de sus tres hermanos, Hugo, era drogadicto.
La ultima vez que el portugués se vio con su mentor, Pereira, le dijo: Si no tuviera un jugador con quien competir, podrías adormecerte, pero hoy te despiertas con un objetivo, Messi, que es tu desafío permanente.









