Puede ser que los jugadores de los Yanquis de Nueva York hayan tocado el cielo en el mejor béisbol del mundo, pero en su mente nunca se imaginaron lo que iban a vivir ayer.
Sin importar del cansancio de haber jugado ayer y viajado por tres horas rumbo a nuestro país, con una sonrisa de oreja a oreja, estos jugadores abandonaron el Trump Ocean Club, para vivir una experiencia única.
De la mano del anfitrión, Mariano Rivera, fueron a visitar las instalaciones del Canal de Panamá, una de las grandes estructuras en la historia de la humanidad.
Panamá es un país privilegiado por tener esa obra, una de las más grandes del hombre, dijo un impresionado Tony Peña, quien es el coach de la banca de los Yanquis de Nueva York.
Con la misma emoción, el director de los Yanquis, Joe Giradi, cruzó las esclusas de Miraflores.
Es impresionante cómo funciona la maquinaria vieja con la nueva. Es inexplicable cómo funciona el Canal, confesó Girardi, quien ganó junto a Mariano la Serie Mundial de 1996.
También no perdió la oportunidad para comentar sus deseos de que Mo se ponga una vez más el uniforme de rayas.
Me gustaría que volviera, pero él ya dijo que no va a regresar. Mariano puede hacer lo que quiere (en referencia si puede lanzar, estar con el equipo o llegar uniformado), pero no se lo vamos a pedir ni tampoco está obligado a hacerlo, señaló Girardi.
El que no pierde la fe de que Rivera los acompañe en el dugout es el jardinero Brett Gardner, quien en este año jugará su séptima campaña con los Yanquis.
Mariano es una gran influencia para los Yanquis. Vamos a tratar de convencerlo de que juegue (en la Serie de la Leyenda), expresó Gardner, quien confesó que es la primera vez que está en Panamá.
Pero la gran sorpresa de la mañana fue cuando un grupo de niños del Balboa Academy comenzaron a gritar el nombre del mejor cerrador de todos los tiempos, lo que le robó un saludo y una gran sonrisa. Pero los infantes no quedaron ahí, al seguir gritando el nombre de Mariano, hasta que él rompió el protocolo para dirigirse a saludarlos.
Eso se convirtió en un mar de risas y festejos que a su corta edad (menos de 10 años) ya conocen la grandeza de uno de los suyos.









