Michael Phelps puso el cerrojo de oro a su participación en Río de Janeiro y a una carrera inigualable, al conquistar su vigésima tercera presea olímpica el sábado por la noche con el relevo 4x100 de estilos combinados de Estados Unidos.
"Así quería terminar mi carrera, de esta manera", comentó Phelps luego de hacer su aporte a la galería de momentos mágicos en la historia de los Juegos Olímpicos. "Traté de contenerme un poco en el podio, pero sin duda sentí que me quebraba por dentro".
Fue la vigésima octava medalla olímpica de Phelps, el deportista más laureado en la historia de los Juegos. Y no la consiguió como una comparsa del equipo.
Adam Peaty había puesto adelante a los británicos durante el segundo relevo, de pecho. Phelps saltó al agua para encargarse del tercero, de su especialidad mariposa, y consiguió la remontada.
Desde su salida, el público presintió que estaba a punto de presenciar historia. Tras rebasar al británico James Guy, una ovación atronadora confirmó que esa sospecha estaba más que fundada. Como siempre que se apuesta por Phelps.
Estados Unidos, cuyo equipo se completó con Ryan Murphy en espalda, Cody Miller en pecho y Nathan Adrian en libre, impuso un récord olímpico de 3 minutos, 27 segundos y 95 centésimas.
"Hoy por el sábado, cuando bajé del autobús y caminé a la piscina, sentí que comenzaría a llorar", confesó. "El último calentamiento, la última vez que me ponía el traje y que caminaba frente a miles de personas en representación de mi país. Es una locura. Ha sido algo mucho mejor de lo que fue hace cuatro años".
Los números que conquistó en Río no parecen los de un nadador próximo a abandonar el agua. Se embolsó cinco de los seis oros que disputaba la competencia del sábado, los 200 metros estilo mariposa y los 200 combinados, así como los relevos de 4x100 y 4x200 libre.
En su otra prueba, los 100 metros mariposa, obtuvo la plata.









