Era el año 2005. Se cumplían apenas dos años de que había estrenado mi columna "Sobre la línea", curiosamente, misma cantidad de años que cumplía también este diario.
Ese año fue, precisamente, la primera vez que levanté mi voz de protesta ante la "Premiación de los Valores del Año" que otorga la Comisión de Boxeo Profesional de Panamá Comibox.
En aquella oportunidad se premiaban a los valores del boxeo panameño del 2004, los cuales, como estampé hace 12 años, me habían dejado un "sabor amargo que no podía dejar pasar por alto".
A continuación, estas fueron las palabras que escribí en la columna que llevó por título: ¡Atención, Comibox!
"Cómo es posible que la Comisión de Boxeo Profesional de Panamá Comibox entregó pergaminos, maletines y buzos a los púgiles que fueron escogidos como los más sobresalientes del 2004.
Estos artículos no son malos, pero creo que los dueños del espectáculo se merecen algo mejor. Recuerden que muchos de ellos solo tienen el boxeo como el único medio para llevar el sustento a sus hogares, y los artículos antes mencionados no sirven para tal propósito.
Doy un ejemplo: ¿Qué puede hacer Roberto "La Araña" Vásquez con los dos últimos certificados que logró como el mejor boxeador panameño del año?
De seguro que solo puede mandarlos a enmarcar.
Creo que ya es hora de que la Comibox busque los mecanismos para que cuando llegue el evento cumbre se pueda contar con electrodomésticos, bonos de comida o algo más significativo que maletines o buzos. Estoy seguro de que si se tocan varias puertas desde ya, se contará con premios de mayor valor para el próximo evento".
Aquellas líneas no cayeron en oídos sordos, por lo menos eso fue lo que yo pensé. Miguel Prado, quien manejaba en ese momento las riendas de la Comibox, me prometió que trabajaría, junto con los otros comisionados, por cambiar la cara de esta premiación.
Al final su promesa nunca se cumplió, y ni siquiera los presidentes que lo han sucedido han movido un solo dedo para entregar algo más que no sean pergaminos, placas o trofeos.
Y la excepción no fue la actual dirigencia de la Comibox, presidida por Jaime Salas, que imitó la práctica de entregar un trofeo a la máxima figura del boxeo de la Tierra del Canal en el 2016, en este caso a Jezreel "El Invisible" Corrales, y placas para los otros ganadores en las diferentes categorías.
Ya basta de entregar trofeos y placas, que solo sirven para llenarse de polvo.
Les apuesto lo que me gano mensualmente por escribir que "El Invisible" Corrales hubiera preferido un electrodoméstico, por dar un ejemplo, como premio por ser seleccionado por la prensa especializada y los miembros de la Comibox como el "Boxeador del Año 2016".
Me parece que dentro de la Comibox existe un personal que, de seguro, puede vestirse de saco y corbata para salir a tocar puertas en busca de patrocinadores que hagan de su premiación un hecho inolvidable en el territorio nacional, que al final beneficie grandemente a los que son su razón principal de existir.









