Ha pasado un año desde que la muerte de Rosalio Arrocha Mina, conocido popularmente como Chamaco, estremeció a familiares, amigos y seguidores.
Su partida dejó un vacío difícil de llenar para quienes lo conocieron de cerca y para quienes, de alguna forma, conectaron con su energía, su música y su manera auténtica de ser.
La vida de Chamaco se apagó tras recibir varios disparos en el sector de La Loma, calle séptima, en el corregimiento de Pueblo Nuevo. Tras el ataque fue trasladado al Hospital San Miguel Arcángel, donde los médicos confirmaron que había llegado sin signos vitales.
Mientras tanto, el proceso judicial continúa su curso. Hasta ahora, dos personas han sido aprehendidas y enfrentan cargos por homicidio doloso agravado y asociación ilícita para delinquir, mientras las autoridades siguen reuniendo pruebas para fortalecer el caso.
Con el paso de los meses, su ausencia ha seguido sintiéndose. Sin embargo, su recuerdo permanece vivo en la memoria de quienes compartieron con él momentos de vida, de trabajo y de sueños.
Para muchos, Chamaco fue más que un artista: fue una persona que transmitía alegría, carácter y una pasión evidente por lo que hacía.
Quienes lo recuerdan coinciden en algo: el tiempo puede avanzar, pero hay nombres que permanecen. Chamaco sigue presente en las conversaciones, en las historias que se cuentan entre amigos, en sus canciones y en los recuerdos que surgen cada vez que alguien vuelve a mencionar su nombre.
Porque hay personas que, aun cuando ya no están físicamente, continúan viviendo en la memoria de quienes los quisieron. Y para muchos, Chamaco es uno de esos nombres que el tiempo no borra.









