Una nueva terminal aérea, una avenida de siete kilómetros, helicópteros nuevos, menús de casi 70 platos y hasta inspecciones en los supermercados para que estén a la altura forman parte de los preparativos que Bolivia realiza para acoger, este fin de semana, la cumbre del G77 y China. Consciente de que la mirada internacional se posará en el país andino durante la celebración de este foro, el Gobierno anfitrión ha puesto guapa en un tiempo récord a la ciudad oriental de Santa Cruz, logrando incluso un inédito acuerdo con las opositoras autoridades de esa región.
Durante esta semana, una legión de 3,000 obreros ha trabajado sin descanso para acondicionar los escenarios en los que se desarrollará la cumbre del Grupo de los 77 países en desarrollo y China, cuya presidencia de turno ocupa este año Bolivia.
La treintena de jefes de Estado y de Gobierno y las delegaciones de 133 países que asistirán a la cumbre estrenarán, en el aeropuerto de Viru Viru, una sección especial para gobernantes de 540 metros cuadrados con tres salas VIP.
Todas estas obras han costado, según fuentes oficiales, unos $23 millones, en un país en el que el salario mínimo no llega a los $210 al mes.









