- De 7 toneladas de rosa sacan una libra de extracto del aceite que se vende a $7 mil.
En Irán hay un pueblo que vive de las rosas o, al menos, de su destilado y de la elaboración tradicional de agua y esencia de esa flor que, según sus habitantes, es de las mejores del mundo.
El mes persa de Ordibehest (entre abril y mayo) es la mejor época para visitar Ghamsar: sus madrugadas se llenan de perfume, el clima es especialmente agradable y los alambiques funcionan al 100% para elaborar el preciado extracto, producto estrella de esta localidad a orillas del desierto Kabir pero rodeada de montañas que la refrescan y protegen sus jardines de flores.
A las cinco de la mañana, la hora más perfumada, los campos plagados de pequeñas rosas damascenas de color rosado (llamadas aquí Mohamadí, por la creencia de que la rosa nació al tocar el suelo una gota de sudor del profeta Mahoma) se llenan de agricultores que las cosechan a mano con delicadeza pero también con rapidez, para que no pierdan un ápice de su aroma.
Hombres y mujeres de la localidad llenan poco a poco grandes bolsas de tela que llevan colgadas al cuello con cientos de flores que minutos después se llevarán a las alcataras de cobre, los cacharros tradicionales que, aseguran, son los únicos capaces de extraer el mejor olor.









