El papa Francisco dictó una serie de pautas a los nuevos cardenales: nada de intrigas, chismes, pactos de poder ni favoritismos.
Durante su homilía en la Basílica de San Pedro, el pontífice dijo a los 19 hombres que fueron elevados el sábado al rango de cardenal que eviten comportarse como si estuvieran en una corte real y les pidió ser santos.
Para lograr este propósito, el papa les recomendó que simplemente amen a quienes les sean hostiles o hablen mal de ellos y que sonrían a quienes quizá no lo merezcan.
Los cardenales ayudan al pontífice en la preparación de políticas y eligen a los nuevos papas.
Predicador de la humildad, Francisco intenta reformar la jerarquía de la Iglesia, a menudo empañada por la arrogancia, el egoísmo, la mezquindad y la mala fe. Escándalos que involucran corrupción y poder tocaron lo alto de la burocracia vaticana en los últimos años, antes de que Francisco fuera elegido en marzo del año pasado.
Ayer, mientras daba su mensaje a los fieles en la Plaza de San Pedro, Francisco fue interrumpido por vítores y aplausos cuando -alzando el dedo- dijo que los obispos, cardenales y el papa deben ser buenos sirvientes, no buenos jefes del pueblo de Dios.









