No había asientos eyectables ni forma fácil de salir del cohete turístico SpaceShipTwo en caso de un desastre.
Cuando el cohete superó la velocidad del sonido a unos 12 kilómetros de altura y se hizo pedazos, las probabilidades de sobrevivir eran escasas, pero en el momento que trozos de la cabina, el fuselaje, un ala y un motor llovían sobre el desierto de Mojave y el viento se llevaba los escombros ligeros, un paracaídas apareció en el cielo.
El piloto Peter Siebold estaba vivo. Desconocen cómo sobrevivió.









