Puerto Rico trabaja con sigilo en la instalación frente al mar de una monumental estatua de Cristóbal Colón que duplica en altura a la Estatua de la Libertad de Nueva York y que, en dieciocho meses, está llamada a convertirse en la más elevada de América.
El enclave elegido para este histórico proyecto es el municipio de Arecibo, en la costa norte de la isla. A tan sólo unos metros de la costa, y frente a una de sus paradisiacas playas, se levantará una estatua de 90 metros de altura y 600 toneladas de peso, obra del veterano escultor ruso Zurab Tsereteli.
El empresario local José González Freire, dueño del terreno, ha tomado las riendas del proyecto con el que se pretende atraer a un millón de visitantes anualmente a esta localidad, de gran belleza paisajística pero alejado de los circuitos turísticos más habituales en la isla.
El inicio de la fase de ensamblaje de las piezas, a la que no se ha dado apenas publicidad, pone fin a años de vagar por la geografía de Puerto Rico de una estatua esculpida en bronce y construida por el artista ruso en 1991.
Tsereteli trató de instalarla un año después de su construcción en EE.UU., pero las autoridades de ese país le negaron los permisos, por lo que el Ayuntamiento de Cataño, vecino a la capital puertorriqueña, la acogió, aunque la falta de fondos y apoyo público hizo que acabara en Mayagüez, en el extremo oeste de la isla.
La idea era erigir allí la monumental escultura coincidiendo con los Juegos Centroamericanos y del Caribe que se celebraron allí en 2010, algo que tampoco llegó a ocurrir.
"Se convertirá en el monumento más grande del hemisferio americano", asegura González Freire, convencido de que la instalación potenciará el desarrollo turístico de esa parte de la costa norte de Puerto Rico.
El empresario promete que "en el verano de 2015 estará levantada la estatua", que ha permanecido almacenada por piezas en el Puerto de Mayagüez durante años, y prevé el desarrollo en la inmediaciones de restaurantes, tiendas y toda la infraestructura necesaria para dar servicio al millón de turistas que espera recibir cada año.
El arquitecto encargado del proyecto de instalación es Roberto Alcina, quien ha explicado que el proceso de montaje es tan complejo como el que puede suponer construir un edificio de treinta pisos.
Alcina subrayó que es difícil imaginar la magnitud de la estatua, pero que para tener una referencia se debe pensar que sobrepasará por mucho a la famosa Estatua de la Libertad de Nueva York.
"La estatua se compone de tres mil piezas de bronce que pertenecen a tres fundiciones distintas", apunta Alcina, para quien las obras de instalación requieren un elevado nivel de exigencia técnica.
La estatua está formada en sus primeros veinte metros de altura por hormigón armado que se reviste además de un armazón de acero.
El arquitecto relata que el propio Tsereteli irá este año a Puerto Rico a supervisar la instalación y que uno de sus nietos se desplaza con frecuencia a la isla para seguir directamente el estado de los trabajos.
A los noventa metros de la figura se le deben sumar los cerca de veinte metros de la loma en la que se va a instalar y un metro del pedestal que servirá de base, por lo que será una de las estructuras más altas de Puerto Rico, sin incluir las antenas de transmisiones.
El trabajo de Tsereteli incluye otras obras monumentales como la estatua de Pedro I de Moscú o la clave de sol que corona el Centro Internacional de Artes Escénicas de la capital rusa.









