- Bergdahl, consiguió su libertad gracias a un acuerdo secreto de la Casa Blanca.
Bowe Bergdahl era un inquieto chico de pueblo con ganas de conocer el mundo y que, como muchos jóvenes estadounidenses, se alistó a la guerra de Afganistán, donde fue capturado en extrañas circunstancias y pasó cinco años en manos de los talibanes. El misterio rodea a Bergdhal desde la noche del 30 de junio de 2009 en la que abandonó su puesto militar avanzado en la remota provincia oriental de Paktika para acabar en manos del enemigo talibán y convertirse, hasta la semana pasada, en el último prisionero de guerra estadounidense. Bergdahl tenía 23 años cuando aterrizó en el momento más violento de la guerra de Afganistán en una precaria posición avanzada en la caliente zona fronteriza con Pakistán, un refugio montañoso para las milicias talibanes.
Atrincherado la mayor parte del tiempo en lo alto de una colina polvorienta con vistas a una aldea de adobe, Bergdahl y sus compañeros recién salidos de la adolescencia vigilaban una zona bajo constantes ataques insurgentes y con caminos plagados de explosivos improvisados. Según sus padres, Jani y Bob, Bergdahl era un ávido lector, aficionado a las artes marciales, un chico sensible que probó con el ballet y cuya prioridad era conocer el mundo y ayudar a los débiles, lo que llevó a solicitar el ingreso en la legión extranjera francesa antes de ponerse al servicio del Ejército de EE.UU.
Nadie sabe a ciencia cierta cómo sucedió, pero una noche de verano, el joven Bergdhal, soldado raso y experto con la metralleta, abandonó su chaleco antibalas, sus armas, tomó una brújula, una botella de agua y abandonó la trinchera.
Una investigación interna y clasificada del Pentágono determinó de manera preliminar que con toda seguridad Bergdahl había abandonado su puesto de manera voluntaria, aunque en ningún momento se menciona que su intención fuera desertar.









