Roberto Sánchez, un niño de 11 años, vivió en carne propia los estragos de las inundaciones en Colón.
Estaba acostado y sentí los lamidos de Bruno, advirtiéndome de la situación, confesó, aún nervioso, tras revelar que su mascota prácticamente le avisó en horas de la madrugada que las aguas penetraron en su vivienda ubicada cerca de la Quebrada Fantasma, en Cativá. Eso le salvó la vida. Su madre estaba trabajando.





