Orates completamente desnudos y haciendo sus necesidades fisiológicas frente a los transeúntes e incluso otros que se exponen al peligro intentando quitarse la vida, se han convertido en el pan de cada día de la ciudad de Colón, ante la vista poco importa de las autoridades.
Los miles de turistas que visitan semanalmente la ciudad atlántica, observan asombrados el denigrante espectáculo.