A Carlos Mosquera, el béisbol le ha dado tanto, que no duda en admitir que siempre tendrá una deuda con el deporte de los bates y las manillas.
Su infancia no fue fácil, pero siempre encontró en el diamante la respuesta a las inquietudes que en ese momento lo invadían.
La semana pasada, cuando Panamá Metro lo presentó como su entrenador para la próxima temporada del Campeonato Nacional de Béisbol Juvenil, Mosquera vio cumplido uno de sus grandes sueños.
El nuevo estratega de los citadinos compartió con día a día los recuerdos de sus inicios y su trayectoria en la pelota nacional.
¿Cuándo fue la primera vez que pisó un campo de béisbol?
Que yo recuerde, lo pisé en 1986. Yo soy oriundo de Darién y vine de nueve años, en el 85. Participé como jugador de las Pequeñas Ligas de Curundú, que era donde vivía.
¿Qué lo motivó a practicar este deporte?
Yo, como muchos, tuve una infancia muy sufrida. Venía de abajo. Me le escapaba a mi madre para poder jugar béisbol y tenía que trabajar para ayudarla, vendía bollo y pixbae. Pero en el béisbol me codeé con jugadores y entrenadores que me dieron grandes consejos. El béisbol me alejó de las malas situaciones.
¿Fue su tabla de salvación?
El béisbol evitó que cayera en la tentación de las drogas y pandillas. Me encaminó, y como me gustaba tanto, por ahí abrí mi ruta. Hoy me siento afortunado, muchos hombres de mi barrio cayeron al no tener esta oportunidad. Si no es por el béisbol, no estaría aquí. Estoy muy agradecido con este deporte, que me ha dado tanto, me da de comer y me ayuda a llevar el sustento a mi hogar. Siempre tendré una deuda con el béisbol.
¿Cómo fue la transición de jugador a entrenador?
Como pelotero, nunca logré descollar, pero luego el señor Plinio Castillo me dio la oportunidad de comenzar como monitor en un equipo interno de las Pequeñas Ligas de Curundú.
¿Qué experiencia le dejó esa oportunidad?
Tuve la oportunidad de trabajar con chicos de las categorías menores, de orientarlos y transmitirles mis conocimientos.
¿Recuerda a algunos de esos chicos en particular?
Bueno, en una de las primeras camadas estaba Avelino Asprilla, también Luis Durango y Christian Bethancourt, con quien trabajé casi nueve años. Además, y muy humildemente, mi hijo Carlos Mosquera, que batalla en el béisbol profesional con la franquicia de los Dodgers de Los Ángeles en las ligas menores.
¿Qué pasa por su mente cuando los ve jugar en grandes escenarios?
Siento mucho orgullo, me dan ganas hasta de llorar porque sé que yo fui partícipe de la formación de ese atleta.
Ahora dirigirá a Metro, ¿soñó con este momento?
Sí, si dijera que no, sería mentira. Quién no ha soñado, estando en la pelota panameña, con ser director de tan prestigioso equipo. Desde que incursioné como monitor en 1990, siempre soñé con que este momento llegara y me llegó mi oportunidad.
¿Qué significado tiene para usted este cargo?
En verdad es un orgullo, un prestigio, una bendición. Metro me eligió a mí entre tantos candidatos y me siento muy halagado y complacido por ello. No hay palabras para expresar esta alegría. Dirigir al equipo de la capital, que ha ganado tantos títulos, es un gran honor.
¿Está preparado para las críticas?
Estoy listo para las críticas, quien no esté listo para ellas no puede firmar para ser director de Metro. Existe presión porque venimos de un pentacampeonato, pero los retos están ahí y deben tomarse. Terrenalmente, nadie tiene una varita mágica para ganar.
- Carlos Mosquera es oriundo de Darién. Llegó a Panamá en 1985.
1990
año en que Mosquera empezó como monitor en un equipo de Pequeñas Ligas.
11
de octubre comenzarán los entrenamientos de Panamá Metro.
- Mosquera pisó por primera vez un campo de béisbol en 1986.









