Dos niños, de tres y siete años, y una tía quedaron atrapados debajo de una cama cuando el terremoto destruyó su vivienda en la barriada El Paraíso Número Tres. Hoy, sus familiares agradecen a Dios por tenerlos con vida, aunque lo perdieron todo.
“Somos fieles creyentes de la imagen de Jesús Nazareno y creo que eso salvó a mi familia de morir aplastada entre los escombros de mi casa”. Con estas palabras, Raymundo González intenta explicar el milagro que, según su fe, permitió que dos niños y una hermana sobrevivieran al violento terremoto que sacudió a Veraguas el viernes 9 de octubre.
La tragedia estuvo a punto de convertirse en una desgracia irreparable para esta familia residente en la barriada El Paraíso Tres, en el distrito de Soná. Mientras el sismo estremecía la vivienda y las paredes comenzaban a desplomarse, dos menores, de tres y siete años, junto con una de sus tías, buscaron refugio debajo de una cama para protegerse de los escombros.
Deyanira Canto, madre de uno de los pequeños, relató a este medio los angustiosos momentos que vivieron cuando la tierra comenzó a temblar. Los niños se encontraban viendo televisión en una habitación cuando ocurrió el terremoto. En medio del pánico, todos salieron desesperados, pero al reunirse descubrieron que los más pequeños no aparecían.
La desesperación se apoderó de los familiares, quienes comenzaron a buscarlos entre los restos de la casa, temiendo lo peor. La vivienda había quedado totalmente destruida y nadie sabía si los niños habían logrado escapar.
La angustia terminó cuando encontraron a los dos pequeños y a su tía debajo de una cama, cubiertos de polvo con muchos pedazos de bloques, pero vivos y sin un solo rasguño. Para sus seres queridos, fue un momento de alivio y agradecimiento que difícilmente nunca podrán olvidar.
Raymundo González, jefe de familia todavía afectado emocionalmente por lo sucedido, aseguró que la fe en Jesús Nazareno les dio esperanza en medio de aquella experiencia aterradora. Aunque la familia perdió su casa y sus pertenencias, considera que lo más importante fue conservar la vida de sus seres queridos.

Una familia unida en medio de la adversidad
Ahora, los 12 integrantes de la familia permanecen juntos en una carpa improvisada, enfrentando las incomodidades y la incertidumbre que dejó el desastre. Sin un hogar al cual regresar, buscan fuerzas para comenzar de nuevo, aferrados a la esperanza de reconstruir sus vidas.
José Nicolás González, abuelo de los niños, levantó sus manos para dar gracias a Dios por haber protegido a sus nietos y a su hija. Para él, saber que los tres sobrevivieron a pesar de la destrucción de la vivienda es motivo suficiente para seguir adelante.
Entre lágrimas, recuerdos dolorosos y oraciones, esta familia sonaeña intenta encontrar consuelo después de perderlo casi todo. Hoy, bajo un techo provisional y con el corazón todavía estremecido, mantienen viva una certeza: la casa quedó destruida, pero sus seres queridos siguen juntos.
Y para ellos, esa vida que el terremoto no pudo arrebatarles representa el mayor motivo para agradecer y comenzar de nuevo.









